En una explanada al Sol, un grupo de yoguis se prepara para llevar a cabo una de las ceremonias más impresionantes de control de la mente sobre el cuerpo. Bajo la atenta mirada de su gurú, que los observa ligeramente apartado, extienden en torno a cada uno de ellos un círculo de excrementos de vaca que actuará como combustible. Luego llenan una vasija con esos mismos excrementos y prenden fuego a los excrementos contenidos en ella y a los de los círculos que los rodean.
En unos instantes la escena se llena de humo y se percibe el calor en cada uno de esos círculos. Con calma se colocan la vasija en la cabeza y entran en meditación. Algunos se protegen del humo asfixiante con unas telas de gasa de gasa que cubren sus rostros. El Sol comienza a apretar y las figuras de los yoguis van evanesciéndose dentro del humo que se apodera de la escena.
Es la ceremonia de Kapal Dhuni. Kapal significa cráneo y dhuni es el fuego sagrado de los ascetas. El nombre hace referencia a la vasija ardiente que se colocan sobre la cabeza. Es un ritual en el que la concentración del yogui supera las adversidades físicas del entorno, el calor la asfixia, el cansancio. Trascendiendo lo material, el yogui accede a lo eterno a lo sagrado, al contacto con la divinidad.
Observando la escena en Prayagraj recordaba relatos de viajeros que han presenciado rituales similares. No hace mucho en la prensa aparecía una noticia en la que se anunciaba la muerte de un yogui que llevaba ochenta años sin comer ni beber.
La noticia aparecía también en otros medios de comunicación y comentaban un estudio que había llevado a cabo un equipo de instituciones científicas, incluso con seguimiento mediante cámaras, en el que el yogui había permanecido durante semanas sin comer, ni beber, ni orinar, ni defecar.
Como ocurre siempre que algo rompe los principios científicos comúnmente aceptados, hubo voces escépticas, pero un neurólogo que había participado en los estudios declaraba - “este fenómeno es un misterio”-
En su biografía, Paramahansa Yogananda, habla de encuentros con místicos poseedores de poderes extraordinarios sin dar importancia a los mismos ya que no se consideran procedentes de un don divino, sino algo que todo Ser Humano lleva dentro y que puede desarrollar mediante las técnicas adecuadas, una vez alcanzada una determinada evolución espiritual. En el libro cuenta sus encuentros con ascetas que poseen el don de la ubicuidad, de levitar, de mantener comunicación con animales y plantas. Seres que no duermen o que pasan años sin alimentarse.
Actualmente estas prácticas se suelen realizar de una forma discreta y, salvo en eventos especiales como la Kumbha Mela, no suelen estar abiertas al público. No obstante, algunos maestros continúan haciéndolas para demostrar, como dice Yogananda, que el cuerpo es solo un instrumento al servicio de entidades superiores y que los que nos parecen limitaciones físicas pueden ser superadas.
Una de las exhibiciones más conocidas las realizó un famoso maestro conocido como Pilot Baba enterrando a una discípula suya japonesa durante varios días delante de investigadores y medio de comunicación.
El psicólogo y fotógrafo holandés Dolf Hartsuiker, que ha estudiado el mundo de los sadhus, cuenta una experiencia que presencio de enterramiento. El yogui estaba completamente enterrado y de la tumba sólo emergía su mano que sujetaba un mala. La mano se movía y hacía avanzar las cuentas del rosario, indicando que el yogui se encontraba concentrado recitando un mantra sagrado. Seguramente esa concentración le permitía el control de su metabolismo, rebajando al mínimo la actividad corporal que se podría mantener con una mínima aportación de oxígeno.
Las escrituras sagradas nos hablan también de estos poderes. Patanjali dedica una buena parte del tercer libro del Yogasutra a hablar de los siddhis.
En el sutra 4.1 se lee:
“Los poderes surgen a raíz del nacimiento, las plantas medicinales, la recitación, el ascetismo y la contemplación”
Según Patanjali, la forma de adquirir estos poderes es, principalmente, a través del estado de samadhi. Una vez alcanzado este estado, el yogui accede al Conocimiento que le permite superar y dominar las, aparentemente inmutables, limitaciones físicas y mentales.
Se considera que se pueden alcanzar ocho poderes principales:
- Animan, poder de empequeñecerse. Llegar al tamaño de las partículas elementales del universo.
- Laghiman, la ligereza. El poder de hacerse ligero como la lana, la posibilidad de levitar.
- Gariman, el control del peso.
- Mahiman, el poder de hacerse grande y alcanzar cualquier punto del universo.
- Prakamya, voluntad inquebrantable para llevar a cabo cualquier tarea. Este poder es el que sorprende al no conocedor del mundo de los sadhus cuando les ve realizar acciones rituales extremas.
- Isitva, el control absoluto del cuerpo. Lo que permite prescindir del alimento o incluso del aire. La base de las ceremonias de enterramiento en vida.
- Vasitva, el dominio de los elementos externos, el fuego principalmente. El control de la materia.
- Kamavasayitva, realizar los propios deseos.
Procedentes de los rincones profundos del alma o de una psyche más próxima y alcanzable por la investigación científica, lo cierto es que estos poderes que los místicos de todas las tradiciones espirituales adquieren mediante las técnicas de desarrollo espiritual, o a veces, incluso de forma involuntaria, continúan siendo un misterio.
Artículo publicado en la revista Mundo Misterio Nº 9 03/2026
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